Lleva @nanisimo toda la semana dándole vueltas a los resultados de las elecciones y hace dos días llegó a esto

Donald Trump ya está por debajo de los números con los que Hillary Clinton ganó el voto popular en las presidenciales de 2016, así que si lo de este año es una paliza, ¿aquello también?
Twit de @nanísimo
Aquí hay dos posibilidades. La primera, que esté queriendo reinterpretar la victoria en el voto popular de Clinton en 2016 en términos de «paliza», nada menos. A estas alturas ya todos sabemos lo inútil de esta inspección del voto popular en sistemas que traducen el mandato de una forma diferente. Sin ir más lejos, aquí en Reino Unido, a los Laboristas les bastó en julio un 33.7% de los votos para obtener una mayoría de 411 de 650 diputados. Lo único que tienen en común las victorias en voto popular de Clinton en el 16 y Trump en el 24 es que ambas van a resultar en un gobierno de este último.
La segunda, que me parece la más plausible, es que esté buscando entre los datos, alguna señal que diga «no ha sido para tanto». A esto le veo dos problemas. El primero, lo inútil que es. Este tipo de análisis supone limitarse a mirar el proceso político que culmina en un determinado resultado electoral como si un partido de fútbol se tratara, centrados únicamente en qué tal lo ha hecho mi equipo, diga lo que diga el resultado. El tuit de Emilio es poco más que un «Al final solo hemos perdido 2-1 y eso, si te fijas, a pesar de que no habían regado el césped antes del partido.» O puesto de otro modo: los Republicanos van a controlar presidencia, Congreso y Senado, pero el voto popular dice que no ha sido una paliza. Pues OK.
Lo que creo que pasa aquí es que @nanisimo tiene delante de sí uno de esos Pantanos que o no ve o no se atreve a mirar de frente. Porque la sensación es de paliza. Más que de paliza, casi, es de cambio profundo.
Esos porcentajes de 48-52, aquí todavía despiertan estrés postraumático a muchos Viviendo en Londres me ha costado llegar a entenderlo porque aquí solo se habla de «los idiotas que votaron el brexit» en tercera persona. Sólo un fontanero que jugaba al rugby conmigo me explicó una vez que él «no quería Brexit pero quería que el resultado fuera lo más ajustado posible y por eso votó leave«. Aquí, la gente se ha contado una serie parecida de fantasías: que había sido todo cosa de los más mayores; que muchos inmediatamente se habían arrepentido al ver los resultados; que todavía se podía hacer un segundo referendum.
No hubo más referendums pero hubo dos elecciones generales con el único objetivo de consolidar una mayoría que confirmase el Brexit. En 2017, casi todos los partidos salieron a hacer la campaña dando el Brexit como una cosa hecha, debatiendo sólo sobre qué versión del divorcio quería cada uno. Sólo un partido, los Liberal Demócratas (Imaginaros Ciudadanos), fue a las elecciones con la promesa de parar el Brexit si obtenían la mayoría. Sacaron el 12% del voto popular y 12 diputados (de nuevo, de un total de 650). En 2019 hizo falta lo mismo y fue el Get Brexit Done de Boris Johnson y los conservadores el que obtuvo el 43% de los votos y 365 escaños (ganando 48 en solo dos años). El Brexit ganó y todavía gana por paliza, hasta el punto de que en las generales de este mismo año, aun cuando todo el mundo sabía que los Conservadores estaban completamente achicharrados y que nadie le iba a quitar la victoria a Keir Starmer, la cuestión de la relación con Europa ha sido un tema que se ha esquivado toda la campaña porque era un tema en el que los Laboristas solo podían perder.
El resultado del Brexit fue de 48-52. El de Harris-Trump todavía más ajustado con un 48-50. Y sin embargo esconden una victoria por paliza, y no hablo del colegio electoral. El error es pensar que porque solo haya dos opciones a las que votar, a las urnas se presenten solo dos tipos de votantes. Al referendum del Brexit comparecieron tres: los del leave, a favor de salir de la UE; los del remain, a favor de quedarse; y los del okey.
Un okeyer es alguien que vota por una opción, pero que no va a tener ningún problema en aceptar la contraria si sale ganadora. En el caso del brexit, los okeyers eran gente que defendía la Union Europea, que entendía que lo guay y lo elevado era decir que al Reino Unido le iba a ir mejor dentro de Europa, pero que en el fondo les daba igual y estaban listos para subirse al carro de «bueno, la democracia es así» si el resultado dictaba lo contrario. No tenemos porcentajes del okey, pero sabemos que medio partido conservador iba con la boca pequeña a defender el remain, conscientes de lo divisivo de este asunto, y que los Laboristas tuvieron que hacerlo con un conocido euroescéptico a la cabeza como Jeremy Corbyn.
Todas esas intuiciones de pie de calle después de haber pasado diez años aquí, me faltan en el caso de de Estados Unidos, pero creo que se ha dado el mismo fenómeno. En 2016 los okeyers se acumulaban en las filas republicanas. Republicanos de toda la vida, a los que no les hacía ninguna ilusión la figura de Donald Trump al frente de su partido pero que eran incapaces de ponerse a votar demócrata y mucho menos a Hillary Clinton. Seguramente pensaran, como pensabamos casi todos, que la presidencia de Clinton estaba escrita en las estrellas y probablemente, aunque no lo dijeran en voz alta, creían que ni les iba a ir tan mal ni les iba a ir la vida en ello. La paliza estaba preparada. Pero en el colegio electoral no dieron los números.
Este año, en cambio, ese bloque de okeyers se ha acumulado entre los demócratas. Gente que, dijeran lo que dijeran los verificadores, estaba viendo que Joe Biden no estaba en condiciones de gobernar cuatro años más, o que se daba cuenta de que el problema de la delincuencia en según qué ciudades era más que una narrativa de Fox News. Jamás votarían por Trump, pero esta vez estaban mentalizados.
Que el voto demócrata está lleno de okeyers en 2024 lo apunta el contraste con 2016. Mientras la reaccióin entonces fue de incredulidad, de «pitar falta» hablando de Rusia o del director del FBI, ahora está siendo de reflexionar sobre los errores cometidos, de empezar a pensar cómo salen de esta si quieren tener opciones en 2028 y de transición pacífica del poder. Una sensación derrota más profunda que deja, por lo tanto, a los repúblicanos con la sensación de haber ganado, y por paliza.

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