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Cámara de los comunes del parlamento de Westminster

Mayorías

«La decisión más dura de mi carrera» encabeza la BBC una pieza preguntándole a cuatro diputados de Westminster sobre la ley de eutanasia (o muerte asistida) que se votará mañana. Si os perdéis leyendo el original, recordad que aquí les conoce MPs, o Miembros del Parlamento. Contando con que, como señalaba la semana pasada, la mayoría del actual gobierno laborista es de 411 de 650 diputados, sorprendería que todavía no se pueda anticipar cuál será el resultado de la votación.

Aquí se usa el mismo sistema de elección de diputados que en las elecciones al congreso de los Estados Unidos o al parlamento de Canadá, por poner un par de ejemplos. En Reino Unido, el país se divide en circunscripciones electorales que engloban de media a 70.000 votantes. No tiene nada que ver la extensión geográfica de una circunscripción en el centro de Londres que una en el norte de Escocia, pero ambas se conciben para representar aproximadamente al mismo número de electores. El día de las elecciones, cada votante sólo puede elegir a un candidato de los que se presenten por su circunscripción y va a ser el que más votos obtenga el que ocupe ese asiento durante los cinco años que, salvo sorpresas, dura cada legislatura.

Durante mucho tiempo he interpretado este sistema como un facilitador de mayorías a cambio de un sacrificio en términos de representatividad. Para que os hagáis una idea, la circunscripción de Tottenham, en la que vivo, cuenta con unos 75.000 votantes registrados, 40.000 fueron a votar y unos 23.000 votaron por el actual Ministro de Exteriores, David Lammy. De la victoria de Lammy poco se puede decir. En porcentaje está por encima del 57%. Los otros 17.000 votos, en lo que a Westminster respecta, van a la basura. Tenéis en la web de la Electoral Reform Society un análisis muy detallado de los resultados de las últimas generales precisamente bajo la lupa de la representatividad donde se ve que la mayoría de los escaños se ganan con menos del 50 o incluso del 40% de los votos en cada circunscripción. Si agregamos en términos del país entero tenemos que el total de esos votos que «se tiran a la basura» suman el 57.8% de los emitidos en el día de las elecciones. La otra cara de la moneda se ve en que esa super mayoría que obtiene el gobierno laborista es el resultado de traducir el 33% del voto popular en el 67% de los escaños.

Y sin embargo, a días de votar una ley como la de eutanasia lo que en España se estaría ya celebrando como una gran victoria del gobierno o una conquista de derechos, aquí ha tenido el debate abierto en carne viva, incluyendo una conmovedora columna de Gordon Brown, el último primer ministro laborista, oponiéndose a la ley.

De los 650 escaños de Westminster, 120 se decidieron por una mayoría inferior al 5%. Teniendo en cuenta la participación estamos hablando de escaños que se pueden ganar o perder por unos centenares de votos. En esas condiciones, es inevitable que los diputados hagan su trabajo teniendo siempre un pie (y un oído) en su propia circunscripción. Prestando más atención precisamente cuando los intereses del partido choquen más directamente con las preferencias de los votantes que les van a tener que reelegir en cinco años.

De aquí surge el fenómeno de los backbenchers: diputados, en principio, con un papel secundario que pese a ser del mismo partido que el gobierno pueden presionar, influir o directamente hacer descarrilar muchas iniciativas de éste. Así se gestaron las divisiones en el partido Conservador que acabaron definiendo todo el proceso del Brexit después del referéndum y de ahí entiendo que vienen las dificultades que tiene el partido Laborista para tener el voto del viernes bien atado. Más aun en un tema tan delicado como éste.

Con todos sus defectos, el sistema de mayorías británico obliga a sus diputados a dar más peso a lo que opine su electorado frente a lo que decida su partido, pues es ese electorado de quien va a depender revalidar ese puesto. Así se entiende por qué en España los partidos son los rodillos que son. Nuestras circunscripciones eligen varios diputados cada una. Esto provoca que, sobre todo en los partidos grandes, ganar el escaño dependa más de tener el puesto adecuado en las listas que de lo que más preocupe a los votantes de una determinada provincia (mención especial al infame video de David Bravo contando su experiencia presentándose como candidato por Almería). Dicho de otro modo, a la hora de encarar una votación complicada (ponga cada uno aquí su tema), los diputados españoles van a tener unos incentivos muy diferentes a la hora de decantar la balanza, teniendo muchos más motivos para escuchar a lo que dice su partido frente a lo que puedan estar opinando los votantes.

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