La mañana después de las elecciones americanas, el podcast The rest is politics (TRIP), daba paso durante su último directo sobre los resultados a Peter Hyman, un estratega político que estuvo escribiendo discursos para Tony Blair y que ha colaborado como estratega en la campaña de Keir Starmer que ha devuelto a los laboristas al poder 14 años después.
Desde TRIP han estado siguiendo casi el día a día de estas elecciones y, para contextualizar, llegaban al directo de la noche anterior después de semanas compartiendo una visión que podría resumirse en:
- Lo ajustado que se preveía que iba a estar todo
- Lo excepcional de la campaña demócrata, luchando por el voto casi puerta por puerta y lo buena candidata que había sido Kamala Harris
- La confianza en que ella iba a ser la ganadora.
En palabras de Alastair Campbell, uno de los presentadores que además conoce a Hyman desde que trabajaron juntos para Blair, decía que el único motivo por el que el desarrollo del recuento le pilló preparado es porque precisamente porque Hyman le había contado ya lo que anticipaba que iba a pasar después de seguir la campaña a pie de mitin hablando con votantes tanto republicanos como demócratas. En cuanto le dieron la palabra no se dejó nada para otra ocasión:
Si hace falta, traduzco:
A los pocos días de llegar aquí estaba convencido de que (Trump) iba a ganar con comodidad. Nunca he pensado que estuviera cerca. Nunca me he creído las encuestas. No lo digo ahora. He estado mandando muchos mensajes estos días, a ti y a otros.
Creo que el punto de partida, y la izquierda tiene que entender esto, es que existe un pantano y hace falta drenarlo (Por el famoso ‘drain the swamp’ de la campaña de Trump). Parece que esto es algo que resulta imposible de entender por parte de la izquierda. Dicho de otro modo, el gobierno no ha cumplido durante los últimos 20 años. No ha cumplido en economía para los trabajadores; se ha metido en lo que la gente considera «guerras innecesarias»; no ha cumplido en aquello que dijeron que iban a cumplir, dejando tras de si un montón de promesas rotas. Por eso, en muchos aspectos fundamentales, Washington no funciona, como se puede ver, y Westminster no funciona.
Puede ser el minuto más poderoso de todo lo que he escuchado después de las elecciones. Poderoso no en términos objetivos, a vosotros os lo dejo, sino en la forma de resonar con cómo me vengo sintiendo de un tiempo (a lo mejor años) a esta parte. Dejo para otro día ver cómo se proyecta esta idea en la situación actual en España, que creo que lo hace, y mucho.
Hay algo mucho más fundamental sobre esta idea que no quiero dejar pasar.
- Desde que presentó su candidatura en 2015, todo lo dicho por Trump se ha archivado en el espacio de la locura. Cuando la realidad se ha impuesto y algunas de estas ideas han resistido el paso del tiempo, se ha caido en el ad hominem de culpar a quien las considerase de seguir las ideas de un supremacista, racista o directamente un negacionista. A priori, parecería que nadie ha tenido el olfato político de que ahí pudiera haber algo de verdad a la que podía apelar la izquierda.
- Dando un paso más allá, no es solo que este fenómeno les haya pasado por delante de las narices a los demócratas. Es que al tachar esta idea de populista o anti-stablishment y lanzarse a combatirla casi como acto reflejo inevitablemente se ha estado proyectando una visión alternativa de la realidad. Una en la que la charca no es tal, sino una marisma con un ecosistema tan bello y complejo que resulta incluso difícil de explicar (La complejidad, y lo de explicar bien las cosas. Otras dos entradas que tendré que escribir si no dejo esto olvidado la semana que viene). Ante ese choque de narrativas, el votante no tiene más remedio que mirar a esa realidad que tiene ante los ojos y decidir por sí mismo. Hyman cree que hay un pantano y que la gente mayoritariamente está viendo ese pantano, por lo que la cuestión pasa de «el gobierno no ha cumplido en economía para los trabajadores» a «y además me dice que va todo fenomenal».
- El ‘drain the swamp’ original iba por Washington. Por esa telaraña de políticos, burócratas, periodistas, que no se sabe muy bien lo que hacen pero que parecen cada día más despegados de la realidad. Pero si generalizamos lo que señala Hyman, enseguida aparecen una variedad de espacios donde la izquierda ha venido haciendo política con relativa comodidad en los últimos veinte años y en los que ahora se encuentran literalmente empantandos. Si extendemos la metáfora hasta su propio límite, parece además que su única respuesta es acelerar para salir del atasco sin darse cuenta de que lo que están consiguiendo es hundir sus ruedas todavía más aún.

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