América desde aquí

Reunión de los líderes de la Unión Europea para debtir la situación en Ucrania

Sin palabras

La nueva administración de Donald Trump está poniendo temas encima de la mesa a tal ritmo que tengo por lo menos tres entradas arrancadas que no consigo terminar antes de que el tema quede sepultado por lo que sea que venga después. Voy con la lengua fuera para no llegar a los dos meses de sequía después de haberme propuesto escribir semanalmente en este blog. Yo por lo menos tengo la excusa de un trabajo a tiempo completo que nada tiene que ver con la política internacional y una niña que ya sabe correr y responderme. Me pregunto con qué se consolarán en la Unión Europea al ver un tema tras otro pasarles como un tren sin hacer mucho más que cuatro diapositivas de consultoría.

Para no liarme esta vez voy a subrayar cosas que no quiero que se me pasen:

  1. Después del comentario que Trump dejó por escrito sobre el presidente de Ucrania, Zelensky, veo a algunos refugiarse en lo de que es un calentón fruto del ya-sabes-cómo-es-Trump. Puede ser. Desde luego este tipo de calentones le van en el carácter. Ahora bien, cuando J.D. Vance, Vicepresidente, y Marco Rubio, Secretario de Estado, ambos políticos de carrera, con formas convencionales siguen la misma línea, entonces no es un calentón, es un plan. Un plan, que por otra parte, no es de esta semana. No se le podrá encontrar a Donald Trump una sola intervención en campaña que no apuntara precisamente a esto.
  2. Que Estados Unidos quería implicarse cada vez menos en la defensa de Europa para implicarse cada vez más en el Pacífico y mantener a raya a China es algo que quienes saben del tema señalan que esto se viene avisando desde la presidencia de Obama. El lunes nos van a meter hasta en la sopa que se cumplen tres años de la invasión rusa o de la guerra de Ucrania. Que el pasado viernes se cumplieran justamente 11 desde que Rusia «se anexionó» Crimea ha pasado mucho más desapercibido, pero explica por qué si entráis a la Wikipedia a leer sobre la Guerra ruso-ucraniana os la presente como un conflicto que arrancó en 2014.
  3. Escuchaba hace un par de días que un acuerdo que le entregue a Rusia los territorios conquistados (acuerdo que todavía se tiene que producir aunque esté todo el mundo especulando con él) sentaría un precedente muy inquietante. Pensar qué pasaría si a Marruecos le diera por invadir Ceuta, Melilla o las Canarias ha pasado de alarmismo de podcast facha a discutirse tranquilamente en la radio nacional así que: ¿Qué pasaría? Y puestos a jugar a la historia-ficción, ¿cómo de diferente sería ese riesgo si las elecciones las hubiera ganado Harris y ésta se hubiera comprometido con la defensa de Ucrania? ¿O si se hubiera producido hace dos años con Biden al mando? Curiosamente, para responder a estas preguntas hay movimientos diplomáticos por parte de los americanos mucho más relevantes que lo que finalmente decidan hacer en Ucrania.
  4. ¿Y con esto qué hacemos? Si estamos empezando a verle las orejas al lobo de lo que significa España viviendo en una Europa sin unos Estados Unidos implicados en defender el continente, ¿qué vamos a hacer? De momento hemos tenido cumbres, fotos y la obviedad de que va a haber que invertir más dinero. Periodistas y políticos en vez de estar preguntando con urgencia ¿Cuánto? ¿De dónde va a salir? ¿Qué plan tenemos con él? Se han tirado en plancha a la pelea narrativa y argumentativa en torno a la figura de Trump como si sus declaraciones las estuvieran leyendo en Washington.
  5. Ya he empezado a escribir que veo signos de que la política de las narrativas está agotada. Dato y relato se van a ir por el desagüe allá donde llegue un líder político con un buen diagnostico, un plan concreto y la credibilidad de que se tirará a ejecutarlo sin perder ni un minuto en cuanto esté en el poder. Mientras, lo mejor que nos ha dado Europa es a Draghi en el parlamento europeo diciendo: «Cuando me preguntan qué es lo mejor que podemos hacer yo les digo: no tengo ni idea, pero hagan algo.»
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